Catamarca Capital
La misa fue presidida por el obispo Urban

Solemnidad de Corpus Christi en la Catedral

Luego de la celebración eucarística, los fieles participaron de la procesión más importante del año, acompañando a Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, alrededor de la plaza 25 de Mayo.

Durante la fría mañana de este domingo 11 de junio, una gran cantidad de fieles de las comunidades parroquiales de Capital se congregaron para celebrar la Solemnidad de Corpus Christi, en una jornada que coincidió con la realización de la Colecta Anual de Cáritas en comunión con todo el país.

La Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Luis Urban, y concelebrada por sacerdotes del Decanato Capital, en la Catedral Basílica y Santuario del Santísimo Sacramento y de Nuestra Señora del Valle.

En el inicio de la ceremonia litúrgica, se dio lectura al decreto de designación de los nuevos Ministros Extraordinarios de la Comunión, quienes tendrán la misión de colaborar con los sacerdotes en la distribución de la Eucaristía durante las misas, o llevándola a los enfermos y ancianos.

“La fe hoy nos congrega para celebrar solemne y públicamente el misterio de la Presencia Real de Jesucristo en las especies del pan y del vino, convertidos durante la Santa Misa en su Cuerpo y su Sangre, memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección”, afirmó Urban en el comienzo de su homilía. Seguidamente hizo una reseña del origen de esta celebración, que incluye procesiones con el Cuerpo de Cristo acompañado por los fieles. Después de unas referencias históricas señaló que “lo que aceleró esta devoción fue un hecho acaecido en el año 1263, en un templo de Bolsena, Italia, mientras un sacerdote celebraba la Misa, de la Hostia comenzó a brotar sangre. Este suceso, conocido como ‘el milagro de Bolsena’, fue percibido como un evento santo, y acabó por afianzar la celebración del Corpus Christi”.

A continuación, ofreció citas de Papas y de Santos, referidas a este Misterio de Fe. Éstas son algunas de las que mencionó: “La Eucaristía es la máxima expresión del amor de Cristo por nosotros para que tengamos vida en abundancia” (Papa Francisco). “La Eucaristía es el alimento espiritual que fortalece nuestra fe y nos une como comunidad de creyentes” (san Juan Pablo II). “En la Eucaristía encontramos la plenitud del amor de Dios. Por tanto, acerquémonos al altar del Señor con humildad y gratitud, sabiendo que somos amados y perdonados” (santa Teresa de Calcuta). “El Sacramento del Altar es el sol que da luz y calor a toda la Iglesia, adorémoslo con reverencia y gratitud, reconociendo su presencia viva en nuestras vidas” (san Pío de Pietrelcina).

Entonces, se refirió a la exhortación apostólica Sacramentum caritatis del papa Benedicto XVI. “La Eucaristía es el «misterio de la fe» por excelencia: «es el compendio y la suma de nuestra fe”, para agregar que “por eso al confesar nuestra fe en la Eucaristía profesamos al mismo tiempo la esencia de nuestra fe cristiana: el Amor Trinitario; la muerte y resurrección del Señor hasta que vuelva; la Iglesia como Esposa y Cuerpo de Cristo y todos los demás sacramentos que, en cierto modo, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan”.

Luego pasó a reflexionar sobre las lecturas proclamadas. Respecto de la primera, del Deuteronomio, dijo que “deja en claro que los 40 años de vida en el desierto tienen que haber enseñado al pueblo a abrir el corazón a unos bienes superiores, en particular mediante el don del maná que simboliza aquí el supremo bien que es la Palabra del Señor, alimento por el cual vive el hombre. (…) Una vez llegado a la tierra, el pueblo no debe olvidar la lección aprendida en el desierto. Todo esto es una gran lección para nosotros, que también peregrinamos por este mundo, necesitados del verdadero maná que es la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Jesucristo”.

Sobre la segunda lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios recordó que “plasma sucintamente la convicción de san Pablo de que la Eucaristía es real comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo; la cual, a su vez, genera la comunión entre todos los bautizados que constituimos el único Cuerpo de Cristo que es la Iglesia”, repasando la enseñanza paulina del Cuerpo de Cristo, tanto Eucarístico como Eclesial.

En cuanto al Evangelio según san Juan, meditó en que “Jesús insiste en la necesidad que tenemos de alimentarnos con su Carne y con su Sangre para tener vida eterna”, acotando que “para comprender bien esta frase debemos recordar que la expresión carne indica la condición terrenal y mortal de Jesús; y relaciona la Eucaristía con la Encarnación. Se trata de alimentarse del Verbo hecho carne. Por su parte, la sangre simboliza la vida, en particular la vida entregada, donada por Jesús. Tenemos, por tanto, una clara alusión a la entrega sacrificial de Cristo por la redención de todos los hombres”. Entonces pasó a analizar en detalle, el Evangelio anunciado.

Cerrando su homilía invitó: “Hermanos, roguemos a la Santísima Virgen María que nos ayude a ser hombres y mujeres profundamente eucarísticos, para que impregnemos las realidades temporales con los valores del Reino y vayamos pregustando las realidades celestiales y definitivas. De un modo concreto, colaborando generosamente en la colecta de Cáritas”. Y vivó: “¡¡¡Bendito y alabado sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!!! ¡¡¡Sea por siempre bendito y alabado!!!”.

Los cantos litúrgicos estuvieron a cargo del Coro de la Catedral, dirigido por el profesor Exequiel Andrada.

Procesión

Luego de la celebración eucarística, los fieles participaron de la procesión más importante del año, acompañando a Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, alrededor de la plaza 25 de Mayo.

Tras la Cruz procesional se encolumnaron el Obispo y los sacerdotes, quienes portaron la Custodia con el Santísimo Sacramento, luego caminaron los fieles.

Durante el recorrido rezaron y cantaron, deteniéndose en los altares levantados en distintos puntos alrededor del principal paseo público de la ciudad.

Cuando arribó al atrio de la Catedral Basílica, las campanas echaron a vuelo mientras el Santísimo Sacramento era colocado en el altar. Tras la bendición con la Custodia en alto, todos juntos, quienes pudieron de rodillas, adoraron a Jesús Sacramentado guiados por el Obispo, momento que cerró esta verdadera manifestación pública de fe en Jesús Eucaristía.

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