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VIDEO | Prometer para fidelizar: Massa usa "la vieja confiable" con Jalil como socio estratégico

La visita de Sergio Massa, auspiciada por el gobernador Raúl Jalil, dejó al descubierto una estrategia repetida pero efectiva: utilizar recursos nacionales para apuntalar su imagen.

Con poncho al hombro y sonrisa de campaña, Sergio Massa desembarcó rodeado de ministros, intendentes y referentes del Frente Renovador para montar un acto que intentó disfrazar de gestión lo que claramente fue una avanzada electoral.

La visita (que incluyó una serie de anuncios millonarios y recorridas simbólicas) dejó al descubierto una estrategia repetida pero efectiva: utilizar recursos nacionales para apuntalar su imagen y reforzar estructuras locales con miras al futuro político.

El gobernador Raúl Jalil, uno de los anfitriones del operativo político, ofició de socio estratégico en esta puesta en escena. No fue el único: lo acompañaron el ministro del Interior Wado de Pedro, el exministro Aníbal Fernández, y otros funcionarios nacionales que actuaron más como jefes de campaña que como servidores públicos.

También dijeron presente dirigentes locales como Marcelo Cordero y Santiago Cusipuma, piezas menores del armado massista en el interior profundo, pero claves para garantizarle territorialidad en los departamentos alejados.

Massa anunció más de 6.100 millones de pesos en fondos para infraestructura productiva y 1.740 millones de pesos para pequeños productores agropecuarios. El discurso, cargado de guiños populistas y retórica federal, fue tan predecible como funcional: prometer para fidelizar.

Visitó la Algodonera del Valle, mostró entusiasmo con el potencial minero (sobre todo del litio en Antofagasta de la Sierra) y habló de “soberanía energética” como quien intenta conectar con una provincia que aún padece inequidad estructural.

Pero detrás de las cifras y las fotos con dirigentes locales, el verdadero objetivo fue político. Massa necesita reconstruir poder en las provincias, especialmente en un norte donde el peronismo resiste pero también se fragmenta.

La visita tuvo como trasfondo la necesidad de consolidar una alianza con gobernadores del Norte Grande, a quienes busca sumar no solo como aliados parlamentarios, sino como operadores territoriales para su proyecto político, sea dentro del PJ o en un espacio renovado.

Mientras se hablaba de créditos, cuencas productivas y conectividad, se tejía en paralelo un entramado de fidelidades. Los acuerdos no son nuevos, pero sí oportunistas: Massa entiende que necesita construir una base provincial que lo respalde más allá del AMBA, y Catamarca es ideal para estas escenificaciones porque ofrece baja resistencia mediática y una dirigencia alineada.

La narrativa que intenta imponer (la de un gestor eficiente que viene a ordenar con equilibrio) se cae cuando se observa que cada visita coincide con movimientos partidarios o internas encubiertas.

Este fue el caso: entre reuniones y anuncios, Massa afianzó su relación con Jalil, con la mirada puesta en futuras listas y pactos legislativos, mientras proyecta un esquema de poder más horizontal pero igual de centralizado.

En paralelo, la presencia de Wado de Pedro no fue inocente. El exministro, aún vinculado a La Cámpora, acompaña en un rol ambiguo: da respaldo sin quedar atado del todo. Y Aníbal Fernández, símbolo de un peronismo agotado pero funcional al aparato, reapareció para sumar volumen y mostrar que el Frente Renovador no está solo.

La gira de Massa se presentó como federalismo activo, pero se pareció más a un capítulo de campaña disfrazado de política pública. El uso de fondos nacionales, las obras anunciadas y la maquinaria institucional puesta al servicio de una figura en plena reconstrucción de poder revelan que, una vez más, el norte es utilizado como telón para la política centralista que dice combatir.

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